La Abuela Harrison y su té con miel

Resumen: Cerca de la casa de Cari vive la Abuela Harrison, una vecina amable que cada tarde disfruta de su té con miel. Pero un día descubre que no le queda ni una gota, y Ohm, Ori, Ciar y Cari harán todo lo posible para ayudarla antes de que caiga el sol.
Edad: 4-6 años · Tiempo de lectura: 4-5 minutos · Categoría: Pequeños Lectores
Cerca de la casa de Cari había una casita rosa con macetas en las ventanas y una pequeña huerta de fresas delante de la puerta.
Allí vivía la Abuela Harrison.
La Abuela Harrison era tranquila, amable y siempre llevaba un gorrito bonito lleno de flores pequeñas. Le gustaba regar sus plantas por la mañana, hablar con las mariposas como si fueran vecinas y sentarse un rato junto a la ventana cuando la tarde empezaba a ponerse dorada.
Pero, sobre todo, había una cosa que nunca faltaba en su día: su taza de té con miel.
Cada tarde calentaba el agua, elegía sus hierbas favoritas y añadía una cucharadita de miel con una sonrisa pequeña y feliz.
—No hay merienda mejor —decía siempre.
Aquel día, sin embargo, algo salió mal. La Abuela Harrison abrió el tarrito de miel, miró dentro y se quedó quieta. Lo agitó con cuidado. No cayó nada. Buscó en la cocina, buscó en la despensa… No había ni una gota.
Justo en ese momento pasaban por allí Ohm, Ori, Ciar y Cari, que volvían de la huerta con una pequeña cesta de fresas. Cari fue la primera en notar la cara de preocupación de la abuela.
—Abuela Harrison, ¿qué ocurre? —preguntó.
La anciana les enseñó el tarrito vacío: —Hoy me he quedado sin miel para mi té.
Ori se acercó un poco más: —¿No queda en el mercado? La abuela negó con suavidad: —Esta mañana se terminó. Tendré que esperar a otro día.
Ciar abrió mucho los ojos: —¡Pero tu té de la tarde no puede quedarse sin miel! Ohm asintió enseguida: —Vamos a buscar una solución.
Los cuatro amigos salieron a toda prisa hacia el mercado de Hormitrópolis. Miraron en los puestos de frutas y de hojas aromáticas, pero no encontraron miel. Ohm se quedó pensando unos segundos y miró hacia el Jardín Grande.
—Las abejas suelen pasar por las flores altas a esta hora —dijo Ori.
Cruzaron la plaza y llegaron hasta la zona más soleada del jardín. Allí, una abeja de alas doradas escuchó su historia y, al saber que era para la Abuela Harrison, sonrió: —Para ella siempre podemos reunir un poquito.
Las abejas trabajaron deprisa y llenaron un frasquito pequeño con una gotita de miel dorada y brillante. Los cuatro amigos regresaron a la casita rosa lo más rápido que pudieron.
Al abrir la puerta, la Abuela Harrison vio a la pandilla sonriendo en el porche. Cari dio un paso al frente: —Traemos una sorpresa. Ori levantó el pequeño frasco: —Miel para tu té.
La Abuela Harrison abrió mucho los ojos: —¿De verdad habéis hecho todo eso por mí?
—Claro —dijo Ciar—. Un té con miel no puede quedarse sin miel.
La abuela dejó escapar una risa suave y preparó la infusión. Añadió la miel dorada, removió con calma y dio un sorbito pequeño. —Ahora sí —dijo—. Ahora sabe justo como debía saber.
Los cuatro amigos se sentaron con ella un ratito junto a la ventana. Fuera, el sol bajaba sobre la huerta de fresas. La Abuela Harrison los miró con mucho cariño: —No habéis traído solo miel. También habéis traído alegría a mi tarde.
Y desde aquel día, cada vez que pasaban cerca de la casita rosa, los cuatro amigos miraban la ventana para comprobar que el té de la abuela seguía siendo el más dulce de toda Hormitrópolis.
Tipo de cuento: Cuento tierno de ayuda y cuidado cotidiano
Temas: Vecindad, ayuda, ternura y amistad
Ideal para: Niños y niñas que disfrutan de historias suaves y pequeños gestos de cariño

