Cuento-Encontramos a la hormiga profeta en el bosque

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Encontramos a la hormiga profeta en el bosque

La hormiga profeta tenía la sabiduría que le dan los años y las vivencias, por lo que trató de advertir lo que iba a pasar a fin de protegerse. Pero el Alcalde no creía en adivinos, por lo que hizo caso omiso de los consejos ¿ Pero que llegó a pasar? ¿Quién tenía razón?

En el bosque de la hormiga profeta

En los días de calor, estar en la casa del silbido era totalmente imposible, ¡era mejor jugar y charlar fuera!

Así que, para que los planes siguieran siendo totalmente secretos, nuestros amigos Cari, Ohm, Ciar y Ori, hacían sus excursiones al bosque.

Ir al bosque siempre era divertido. Podías ver los pájaros volar y hacer circuitos de obstáculos entre ellos, ¡para ver quien volaba mucho más rápido!

Así como crear carreras y saltar las pequeñas ramas de los setos.

Las zonas preferidas para hablar y pararse a tomar la merienda, eran las pequeñas rocas que estaban cerca del agua, ¡había una pequeña brisa, suave y que aliviaba el sol, que hacía que pensar y hacer los planes fuera mucho más fácil!

A veces todos se encontraban a la pequeña hormiguita Hana, corriendo entre los grupos de hierba más altos y otras veces a Roberta ¿te acuerdas de nuestra divertida tortuga poeta?

Aquel día, vieron una hormiga con una túnica de color rojiza, que estaba sentada, con las patitas entrecruzadas y pensando de manera profunda.

Ellos se escondieron detrás de los grupos de hierbas y entonces, siguieron contemplándolo.

¿Quién sería esa curiosa hormiga?

-¿Lo has visto alguna vez Cari?-preguntó Ciar

-No…-respondió Cari tímida…-no sé quién es.

-Vamos a quedarnos aquí unos minutos, ¡nos ha robado el sitio!-dijo Ori cabreado.

Mientras estaban observando a la hormiga pensar, siguieron comentando en porque la hormiga estaría tan concentrada.

¿Tendría algún problema?

¿No sabría qué hacer y por eso necesitaba pensar sola?

¿Por qué estaba solo y sin amigos?

De repente, a Ohm le entraron ganas de estornudar.

-¡No estornudes!-le dijo muy bajito Ciar.

-¡No puedo aguantarme! ¡Achísss!-se paró cuando Ciar le puso las manos delante de la nariz.

-¡Para Ciar!

-¡No estornudes! ¡Se va a dar cuenta de que estamos aquí!

-¡No puedo aguantar! Las hierbas me dan alergia… ¡Achíssss!-estornudó totalmente.

Cuando estornudó varias veces, la hormiga se dio cuenta de que  la estaban mirando, así que sin moverse, abrió un ojo.

Nuestros amigos se quedaron inmovilizados. ¡Sin moverse!

-¿Ves? ¡Ya nos ha visto!-dijo Ciar

-No os mováis.-recomendó Ciar.

Pero, ahora la hormiga que estaba mirando las hierbas con un ojo abierto y el otro cerrado, se avispó y entonces ¡abrió los dos ojos! Diciéndoles:

-¡Sé que estáis ahí!

Mientras ellos ¡siguieron escondidos!

-No es malo aquel que dice la verdad, pero sí el que se esconde.-dijo la hormiga profeta.

Curiosos, Ciar, Ori, Ohm y Cari se asomaron entre las hierbas, viéndose solo sus cabecitas y sus antenas.

-Salid… no pasa nada…-dijo la hormiga profeta.

-¿Quién eres?-le preguntó Cari

-Me llamo Mayuri, soy una hormiga que viene del sur.

-¿De las islas?

-¡Sí! He realizado un viaje muy largo, para avisar a este pueblo.

-¿Sí? ¿Avisar de qué?

-Una gran tormenta de azúcar vendrá y os dejará sin provisiones durante más de un mes.

-Pero las provisiones estarán en el granero… y allí también hay granos y harina…

-Sí… también se irá la harina y algunos granos.

-¿Pero por qué?

-¡Todavía no lo sé!-respondió la hormiga profeta.

-¿Y cómo sabes todo eso?-le preguntó Ciar.

-Yo soy una hormiga profeta, el conocimiento llega a mí…

-¿Y qué es una hormiga profeta?

-Es toda aquella que sabe lo que pasará en el futuro.

-¿Puedes ver el futuro?

-No siempre… pero sí las cosas importantes que van a pasar.

-¿Y qué haces después?

-¡Ayudo a los demás!

-¿Has venido a Hormitrópolis sólo para ayudarnos y avisarnos?

-¡Sí! Y quiero hablar con el alcalde.

Poco a poco nuestros amigos, guiaron a la hormiga profeta hasta donde estaba el alcalde, dejando que ellos dos hablaran.

El alcalde no se tomó en serio las recomendaciones de la hormiga profeta y dijo que no hacía falta construir un gran muro de tela extra fuerte y piedras para frenar al viento.

¿Qué sería de Hormitrópolis sin la protección en los días que se avecinaban?

La hormiga profeta lo sabía y se quedó muy triste ante la mirada desafiante del alcalde. ¡Qué seguía sin creerse nada!

La hormiga profeta abandonó Hormitrópolis al día siguiente no sin haber avisado a las mamás de cada casa, de que guardaran varios sacos de provisiones. ¡Qué no diría el por qué pero que lo hicieran, ya que un desastre natural se acercaba!

Y ante eso, muchas mamás hormiga les hicieron caso, guardándolos en la cocina.

A los 3 días siguientes, una gran tormenta de viento, se llevó por delante las puertas del granero, haciendo desaparecer la mayoría del azúcar y de la harina. ¡Las provisiones de los 28 días siguientes!

Ante el desastre el Alcalde comenzó a entender que a veces, suceden avisos o señales de las que hay que hacer caso, sobre todo cuando las cosas se explican con detalle, ¡y que siempre hay que aceptar los consejos y ayudas de los demás!

¿Te imaginas? ¡Si hubiera hecho caso a la hormiga profeta, ahora habría provisiones!

Y el alcalde se quedó pensativo…

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A veces, suceden avisos o señales de las que hay que hacer caso, sobre todo cuando las cosas se explican con detalle, ¡y que siempre hay que aceptar los consejos y ayudas de los demás!
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