Ciar y las huellas misteriosas

Un cuento tierno y divertido en el que Ciar y la pandilla siguen unas huellas extrañas por el parque y descubren que detrás del misterio se esconde un nuevo amigo.
Edad: 4-6 años · Lectura: 4-5 min · Categoría: Pequeños Lectores (4-6 años)
Era una mañana tranquila en Hormitrópolis cuando Ciar, Ori, Ohm y Cari se reunieron en el parque para jugar. Querían construir una fortaleza de hojas, pero antes de empezar, Ohm vio algo raro en el suelo.
—¡Mirad esto! —dijo, señalando con la pata.
En la tierra había unas huellas pequeñas y extrañas. No parecían las de una hormiga. Tampoco eran como las marcas que dejaban los pájaros o los escarabajos.
Ori se agachó para mirarlas mejor.
—Qué raras son… parecen ir de un lado a otro.
Cari sonrió enseguida.
—¡Podemos investigar! Seremos detectives.
A todos les encantó la idea.
La pandilla siguió las huellas por el parque. A veces iban rectas. Otras veces zigzagueaban entre arbustos, charcos y montoncitos de hojas. Cuanto más avanzaban, más curiosidad sentían.
—Aquí son más profundas —observó Ciar—. Quizá quien pasó por aquí corría o saltaba.
Las huellas los llevaron hasta un rincón sombrío cerca de un charco. Allí, de repente, el rastro parecía desaparecer.
Ohm pensó unos segundos y luego dijo:
—Si queremos saber quién ha dejado estas marcas, podemos esperar y observar.
Entonces colocaron cerca del charco unos trocitos de hojas dulces y se escondieron detrás de unos arbustos.
Esperaron en silencio. Al principio no pasó nada. Pero justo cuando Ori empezaba a impacientarse, escucharon un pequeño ruido entre la hierba.
Una criatura peludita y diminuta salió despacio hacia la comida.
—¡Es un ratoncito! —susurró Cari, emocionada.
El ratón olfateó los trozos de comida con mucho cuidado y empezó a comer tranquilo. No parecía enfadado ni peligroso. Solo tenía hambre y mucha curiosidad.
Ciar y sus amigos salieron despacio de su escondite para no asustarlo.
—Hola, pequeño amigo —dijo Ori con voz suave.
El ratoncito levantó la cabeza, pero no huyó. Los miró con sus ojitos brillantes y siguió oliendo el aire, como si quisiera saber si podía confiar en ellos.
—Creo que él dejó las huellas —dijo Ohm—. Seguramente estaba buscando comida por el parque.
Cari asintió con una gran sonrisa.
—Entonces ya hemos resuelto el misterio.
La pandilla pasó un rato observando al ratoncito y dejándole algunos trocitos más de comida. Ya no les parecía una criatura misteriosa, sino un nuevo amigo del parque.
Cuando regresaron a casa, todos iban contentos. Aquel día habían descubierto algo importante: a veces, detrás de un misterio, no se esconde nada peligroso… sino una sorpresa amable.
Tipo de cuento: misterio suave y amistad
Temas: huellas, detectives, parque, curiosidad, ratoncito, amistad
Ideal para: leer en voz alta y disfrutar de un misterio sencillo con final tierno
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