Cuento para niños – La abuelita encantadora

monti
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La hormiguita Hana se encontraba sentada en una hoja, pensando en las palabras de su amiga Chili sobre las abuelitas. Recordaba con cariño las travesuras que había vivido junto a su abuelita Modesta, quien siempre mascaba pétalos de rosas envueltos en azúcar y le enseñaba cosas nuevas sobre el mundo. A pesar de que a veces se enfadaba y chillaba mucho, Hana sabía que era porque la abuelita se preocupaba por ella.

Hana recordaba con alegría cómo la abuelita le hacía cosquillas y la llevaba a ver las mariposas del campo, las favoritas de la abuelita. Y aunque a veces las cosas podían ponerse difíciles, Hana sabía que su abuelita Modesta siempre estaría allí para protegerla y amarla. Descubre cómo la abuelita Modesta se convierte en la heroína de esta historia llena de amor, aventuras y magia.

Cuentos cortos: La abuelita encantadora

La hormiguita Hana hoy estaba pensativa. “Las abuelitas son las mamás de tu mamá” recordaba Hana que le decía Chili, la tarde anterior. Ella había visto a Modesta, la abuelita, mascar pétalos de rosas envueltos en azúcar, pero le daba miedo cuando se enfadaba porque chillaba mucho.

Le hacía reír cuando le hacía cosquillas y cuando la llevaba a ver las mariposas del campo, las favoritas de la abuelita.

la abuelita encantadora
La abuelita encantadora

Modesta era regordeta y llevaba unas gafas de pasta de colores. No veía bien y los pájaros del bosque disfrutaban metiéndose con ella, tirándole granos y semillas, que ella tenía que esquivar como podía.

Decía que “siempre había remedio para todo” y es verdad… que siempre había que tener fe y perseguir los sueños. Aunque siempre decía entre sonrisas que “los jóvenes tenían que ser muy trabajadores para poder alcanzarlos”

 A Hana le gustaba cuando guardaba un pétalo de rosa con azúcar y se lo daba. ¡Estaba tan rico!

Las abuelitas siempre fueron especiales. Sobre todo por las chuches y porque nunca te reñían o si lo hacían siempre terminaba jugando contigo. Al menos eso pensaba Hana.

Un día paseando en el bosque, la abuelita le enseñó muchas cosas: cómo había nacido la primera rosa del valle, cómo Barbudo había sido la primera hormiguita de su ciudad…

Barbudo había sido una hormiga conquistadora y pirata, que llegó desde los mares del norte, pensando en construir una casa en donde había más cañas de azúcar. Era muy listo. Sabía que si había comida, podría alimentar a su batallón de soldados y así crear una gran familia. Y así lo hizo.   Tomó su barco y llegó hasta la zona de la costa de Hormitrópolis, buscando el bosque para estar seguros.

El viaje no fue fácil, andar muchos kilómetros con un saco de leche y unos terrones de azúcar, no es vida… Así que una vez que sus patitas flaquearon, se detuvo a dibujar el mapa que dirigiría a su ejército hasta allí. Entonces durmió tapándose con una hoja de sauce amplia y cuando repuso fuerzas volvió, echando su mapa en una botella al mar para que sus soldados a la otra orilla lo encontraran.

Como hormiguita precavida vale por dos, también quiso hacer señales de humo con la ayuda de una cáscara de coco seca y unos palitos, su ejército tras unas horas, no llegó sólo. Ellos habían ¡traído a la rana Aurora!

La abuelita recordó que Barbudo fundó así la ciudad, aunque tenía muy mal genio, y no soportaba las continuas bromas de la ranita Aurora.

La abuelita encantadora
La abuelita encantadora

Dicen que al final gobernaron juntos pero que la ranita terminó con su charlatanería por volverlo loco. Barbudo nunca llegó a ser el mismo…

La abuelita recuerda que después escuchaba voces, que se dedicaba a contar las estrellas del cielo solo.

Y que después nadie lo creía… la ranita sintiendo pena, decidió que el gobierno y una cosa que le llamaban poder, eran para compartir, y para que le hicieran caso, construyó una estatua, diciéndole a las hormiguitas que escucharan y respetaran a su líder mayor.

Desde ahí cada día en la colina de las mariposas rosas, se escuchan las historias de los abuelitos y las hormigas sabias. Hana todavía no entiende todo, pero se siente segura. Y le encanta. Dice que ser abuelito y abuelita es lo mejor que hay porque saben muchas historias ¡y espera que se las cuenten cada día mientras come su terrón de azúcar!

¿Después del leer el cuento para niños de la Abuelita Encantadora ¿A ti que historias te cuenta tu abuelitos?

Hormitrópolis

Sigue leyendo: Barbudo y el sueño de conquistar el mundo

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