Sombra, la hormiga vestida de negro

Sombra, la hormiga vestida de negro
Resumen: Una tarde, la pandilla encuentra en el bosque a una hormiga desconocida vestida de negro. Nadie sabe quién es ni por qué ha llegado sola hasta allí. Mientras intentan descubrirlo, tendrán que decidir si quedarse con la desconfianza o atreverse a conocer a alguien diferente.
Edad recomendada: 4-6 años · Tiempo de lectura: 5-6 minutos · Categoría: Pequeños Lectores (4-6 años)
Aquella tarde, el bosque estaba más silencioso de lo normal. No hacía viento, los pájaros cantaban lejos y hasta las hojas parecían moverse despacio. Ohm, Ori, Ciar y Cari caminaban por un sendero estrecho entre raíces y piedras cubiertas de musgo cuando Ori se detuvo de golpe.
—Hay alguien allí —susurró.
Los demás miraron hacia donde señalaba. Junto a una roca alta, medio escondida por la sombra de un arbusto, había una hormiga que no habían visto nunca. Era delgada, tranquila, y llevaba una capa negra lisa que le caía sobre la espalda como si quisiera pasar desapercibida.
Ciar entrecerró los ojos.
—Yo no la conozco.
Cari ajustó sus gafas y observó en silencio. Ohm dio un paso adelante, pero sin acercarse demasiado.
La hormiga también los había visto. No huyó. No habló. Solo se quedó quieta, con una expresión seria y cansada, como si llevara mucho rato pensando si debía seguir caminando o no.
—Hola —dijo Ohm con voz firme, aunque amable—. Somos de Hormitrópolis.
La hormiga inclinó un poco la cabeza.
—Lo sé —respondió en voz baja—. He visto los caminos que llevan hasta aquí.
Ori sintió un pequeño escalofrío de curiosidad. No de miedo, sino de esa clase de inquietud que aparece cuando algo no encaja del todo.
—¿Cómo te llamas? —preguntó.
—Sombra.
Ciar abrió un poco más los ojos. El nombre le parecía tan extraño como la capa negra. Ori miró a Cari. Cari miró a Ohm. Durante un instante, ninguno supo muy bien qué decir.
Sombra fue la primera en romper el silencio.
—No he venido a molestaros —dijo—. Solo estaba buscando un lugar tranquilo para descansar un rato.
Ohm observó sus patas cubiertas de polvo y una pequeña arruga en el borde de la capa. Parecía cansada de verdad. No tenía aspecto de querer esconder algo peligroso. Más bien parecía una viajera que llevaba demasiado tiempo sola.
—Puedes descansar aquí —dijo Ohm—, pero el bosque tiene muchos caminos raros. Si no conoces bien la zona, es fácil perderse.
Sombra apretó un momento los labios, como si aquella frase le hubiera tocado algo por dentro.
—Eso ya me ha pasado —reconoció.
Cari dio un paso adelante con suavidad.
—¿Te has perdido?
Sombra tardó un poco en responder.
—No exactamente. Buscaba un camino corto para cruzar el bosque antes de que oscureciera. Pero tomé un sendero equivocado, luego otro, y al final ya no sabía hacia dónde iba.
Ori notó que ya no le parecía misteriosa de la misma forma que al principio. Seguía siendo distinta, sí. Seguía llevando aquella ropa negra poco común y hablando despacio. Pero de pronto la veía menos extraña y más sola.
—Nosotros conocemos bastante bien esta parte —dijo Ciar, con un tono que intentaba sonar decidido—. Podemos enseñarte la salida del sendero grande.
Sombra los miró con sorpresa.
—¿Haríais eso?
Ohm asintió. Pero justo en ese momento, desde la maleza cercana llegó un crujido seco. Todos se volvieron de golpe. Ciar dio medio paso atrás. Ori alzó las antenas. Cari sujetó su libro azul contra el pecho. Sombra se quedó inmóvil.
Otro crujido.
No parecía grande. Pero sí lo bastante cercano como para tensar el aire.
—Mejor nos movemos —dijo Ohm—. Si seguimos aquí parados, acabará haciéndose de noche.
Sombra miró primero hacia el ruido y luego hacia el sendero. Por un momento pareció que iba a irse sola, deprisa, sin esperar a nadie. Pero no lo hizo.
—No conozco el camino correcto —admitió—. Si me ayudáis, os seguiré.
Aquello bastó. La pandilla echó a andar. Ohm fue delante, atento al terreno. Ori miró las señales del suelo. Ciar vigiló los lados del camino. Cari se quedó cerca de Sombra, hablándole de vez en cuando para que no se sintiera apartada.
Mientras avanzaban, el bosque fue perdiendo sombras densas y dejando entrar una luz más clara entre las ramas. El crujido quedó atrás. El sendero volvió a ensancharse. A un lado apareció una piedra lisa que Ohm conocía bien.
—Ya casi estamos —anunció.
Sombra soltó el aire muy despacio, como si hubiera estado conteniéndolo desde hacía rato.
—Pensé que tendría que salir sola.
—A veces se puede —dijo Cari—. Pero a veces es mejor no hacerlo.
Cuando llegaron al cruce del sendero grande, Sombra se detuvo. Desde allí ya podía continuar sin perderse. El camino ancho se veía claro, seguro y fácil de seguir.
Ori la observó un momento antes de hablar.
—Al principio pensé que dabas un poco de miedo —confesó, sin mala intención.
Ciar abrió la boca, sorprendido por lo directo que había sido, pero Sombra no se enfadó. Al contrario: sonrió por primera vez de verdad.
—Lo sé —respondió—. Mucha gente piensa eso cuando me ve por primera vez.
—Es por la capa negra —dijo Ciar, antes de poder contenerse.
Sombra miró la tela oscura y se acomodó un poco el borde sobre los hombros.
—Me la hizo mi abuela —explicó—. Dice que el negro guarda bien el calor en los viajes largos y que no hace a nadie menos amable.
Cari sonrió enseguida.
—Pues tenía razón.
Sombra miró a los cuatro con gratitud tranquila. Ya no parecía una figura extraña perdida junto a una roca. Parecía alguien que, durante un rato, había dejado de estar sola.
—Gracias por acompañarme —dijo—. No solo por enseñarme el camino.
Ohm levantó una mano a modo de despedida. Ciar sonrió. Ori movió las antenas, algo avergonzado pero contento. Cari dio un paso al frente.
—Si vuelves a pasar por Hormitrópolis, ya no serás una desconocida.
Sombra asintió y echó a andar por el sendero grande. La pandilla la vio alejarse sin prisa, con la capa negra moviéndose suavemente a cada paso, hasta que la curva del camino la escondió entre los árboles.
Durante unos segundos, nadie habló.
Luego Ori miró a sus amigos.
—No era extraña de verdad —dijo—. Solo no la conocíamos.
Esta vez, los cuatro siguieron caminando de vuelta a casa con la sensación de haber encontrado algo más importante que una aventura: una forma nueva de mirar a quien parecía distinto al principio.
Tipo de cuento: encuentro, amistad y confianza gradual
Temas: primeras impresiones, diferencia, ayuda, viaje, bosque
Ideal para: niños y niñas que disfrutan de cuentos tranquilos con una pequeña tensión inicial y un final cálido.
