Ohm y el sueño de bucear

Resumen: En un día de verano, Ohm, Ori, Ciar y Cari juegan junto al río de Hormitrópolis. Pero mientras los demás corren y se ríen, Ohm no puede dejar de mirar el agua y preguntarse qué secretos esconde bajo la superficie.
Edad: 4-6 años · Tiempo de lectura: 4-5 minutos · Categoría: Pequeños Lectores
Cuando llegó el verano a Hormitrópolis, el sol calentaba más que nunca y todo parecía brillar un poco más.
La hierba crecía alta y fresca junto al río, y aquel rincón se convirtió en el lugar favorito de Ohm, Ori, Ciar y Cari para pasar la tarde.
Allí corrían entre las hojas, jugaban a las carreras y se tumbaban a mirar las nubes que viajaban despacio por el cielo.
Ciar decía que algunas parecían barcos.
Cari decía que otras parecían montañas de algodón.
Ori buscaba formas de animales escondidas entre ellas.
Pero Ohm hacía algo distinto.
En lugar de mirar hacia arriba, se tumbaba boca abajo sobre la hierba y se asomaba al agua.
Le gustaba ver su reflejo moverse entre las ondas.
Le gustaba observar las piedrecitas del fondo.
Y, sobre todo, le gustaba imaginar qué podía haber un poco más abajo, donde el agua se volvía más oscura y misteriosa.
—Siempre estás mirando el río —le dijo Ori con curiosidad.
—Porque quiero saber qué hay dentro —respondió Ohm.
Ciar se acercó dando un pequeño salto.
—Yo creo que solo hay peces rápidos y piedras resbaladizas.
Cari sonrió.
—Y quizá plantas largas que se mueven como si bailaran.
Ohm siguió mirando.
Cuanto más observaba el agua, más ganas tenía de descubrir su mundo secreto.
Al final, su curiosidad fue tan grande que metió la cabeza un poquito dentro del río.
Justo en ese instante, un pez de ojos redondos pasó veloz y le rozó la nariz.
Ohm salió disparado hacia atrás.
Estornudó.
Y luego volvió a estornudar otra vez.
Ori empezó a reírse.
Ciar también.
Cari se tapó la boca para no reír demasiado fuerte, pero no pudo evitar sonreír.
Ohm se secó la nariz y se sentó sobre la hierba, muy sorprendido.
—¡Dentro del agua sí que pasan cosas! —dijo.
—¿Qué has visto? —preguntó Ori.
—Solo un pez… pero me ha parecido rapidísimo.
—Seguro que abajo hay un montón de cosas más —dijo Cari—. Peces pequeños, piedras brillantes y plantas que se mueven con la corriente.
Ciar levantó las cejas.
—Y quizá también criaturas extrañas.
Ori lo miró de reojo.
—No empieces.
Pero Ohm ya estaba imaginando de todo.
Miró el río una vez más.
El agua reflejaba el sol como si guardara un mundo entero dentro.
Poco después, mientras los demás seguían jugando, Ohm cerró los ojos sobre la hierba templada y se quedó dormido.
Entonces empezó a soñar.
En su sueño iba en una barquita pequeña que avanzaba por el río hasta llegar a un mar tranquilo y azul. Allí se ponía unas gafas de bucear, un tubo para respirar y unas aletas ligeras.
Después se lanzaba al agua.
Y nadaba.
Nadaba como si siempre hubiera sabido hacerlo.
Debajo del agua veía algas largas que se movían como hojas suaves.
Veía peces de colores cruzando a toda velocidad.
Veía cangrejos escondidos entre las rocas.
Veía caballitos de mar tan pequeños que parecían estar bailando.
Y también veía un pulpo que movía sus brazos muy deprisa, como si quisiera saludarlo.
Ohm estaba tan feliz dentro del sueño que empezó a mover las patas sobre la hierba, como si de verdad estuviera nadando entre olas invisibles.
Ori fue la primera en darse cuenta.
—Mirad a Ohm —susurró.
Ciar soltó una risita.
Cari se sentó a su lado sin despertarlo.
Ohm seguía soñando, moviendo las patitas como si buceara cada vez más hondo.
Entonces abrió los ojos de golpe.
Durante un segundo se quedó quieto.
Luego vio a sus amigos mirándolo y se puso un poco rojo.
Pero esta vez nadie se rió fuerte.
Ori sonrió con dulzura.
—Estabas soñando algo bonito, ¿verdad?
Ohm asintió despacio.
—Sí. Soñaba que buceaba muy lejos y veía peces, algas y un pulpo bajo el agua.
Cari abrió mucho los ojos.
—Entonces ha debido de ser un sueño precioso.
Ciar le dio un pequeño golpecito amistoso en el hombro.
—Pues cuando seas un gran buceador, nos lo contarás todo.
Ohm miró el río una vez más.
El agua seguía brillando con el sol de la tarde.
Ya no le daba miedo meter la nariz ni le molestaba no saberlo todo aún.
Al contrario.
Ahora tenía todavía más ganas de aprender.
—Algún día —dijo sonriendo— voy a convertirme en un gran buceador.
Ori, Ciar y Cari sonrieron con él.
Y después, mientras el verano seguía brillando sobre Hormitrópolis, los cuatro volvieron a correr por la hierba junto al río, con el agua murmurando a su lado como si guardara secretos para otra tarde.
Tipo de cuento: cuento veraniego de curiosidad y descubrimiento
Temas: verano, río, curiosidad, sueños, imaginación, amistad, naturaleza
Ideal para: niños y niñas que disfrutan de historias suaves sobre el agua, la exploración y los pequeños grandes sueños

